22 abr. 2010

Sant Jordi: una leyenda universal

El día 23 de abril, en Cataluña -y Aragón, Castilla y León, Cáceres, Valencia, La Rioja y Castilla-La Mancha-, es el día de Sant Jordi, una jornada ("diada") para la que la tradición manda que el amante entregue una rosa a su doncella y ésta le devuelva un libro como regalo. Pero, lejos de la tradición de rosas, libros y dragones, Sant Jordi (cuyo origen humano es San Jorge de Capadocia) es una figura simbólica que va más allá de Cataluña, España e incluso del cristianismo. El caballero Jorge matando al dragón y liberando a la princesa es un icono venerado por las tres grandes religiones monoteístas: cristianismo, judaísmo e islam. Un mártir legendario cuya simbología está mucho más presente de lo que parece en escudos, patronazgos, cuentos infantiles, fortalezas, templos, etc.



Seguramente por ser catalán y haber recreado en el colegio la leyenda de Sant Jordi cientos de veces (dibujos, obras de teatro, poesías, Jocs Florals, mercados de libros, rosas, etc.), sigo sintiendo una especial admiración por una historia que, si bien es sencilla a más no poder, refleja en pocos pasajes todos los elementos de las leyendas medievales, los cuentos de hadas y las bases de toda religión. Como siempre nos decían, el auténtico (siempre relativizándolo todo) Sant Jordi procedía de la Capadocia. Como se puede leer en Wikipedia y otras páginas de Internet, poco después de nacer, el padre de Jorge murió y su viuda, Policromía (aparentemente un nombre de grupo pop ochentero) regresó a Lydda (Lod, Israel) con su hijo. Siguió los pasos de su padre y entró al ejército romano, llegando a ser guardia personal del emperador Diocleciano. En el año 303 (hasta la fecha parece mágica) el emperador inicia la caza de cristianos a lo que Jorge se opone, confesando su verdadera fe. Como castigo, se le torturó y ejecutó un 23 de abril de 303 (día internacional del libro, por lo que en Cataluña ambas celebraciones se han fusionado). Desde entonces, en el ámbito de la religión, se le veneró como mártir: especialmente los cruzados, quienes construyeron templos en su honor.

Más fantástica es, si cabe, la leyenda del dragón, cuyos orígenes se remontan al siglo IX d.C. Una historia que se relata como propia no sólo en España o Inglaterra, sino el lugares tan remotos como Asia Menor o Japón. La historia es sencilla pero muy simbólica: un dragón hace un nido en la fuente que provee a la ciudad de agua. Para apartarlo diariamente, los ciudadanos deciden sacrificar a uno de los suyos al azar, con la mala fortuna de que un día es la propia princesa quien debe sacrificarse por el bien común. Cuando estaba a punto de ser devorada, aparecía San Jorge en su caballo y mataba al dragón. La versión que siempre he escuchado yo, no obstante, no hablaba de fuente alguna; un dragón amenazaba con devorar a los ciudadanos de un pequeño reino y estos decidieron sacrificar a uno de ellos diariamente para mantener el apetito del dragón. Un día le tocó a la princesa y la feroz criatura se la llevó a su cueva. Hasta el reino llegó Sant Jordi sobre su caballo y las gentes le pidieron que salvara a su princesa y acabara con el dragón; y así lo hizo: con su armadura, su caballo y su espada, acabó de una vez con todas con los temores del pueblo y liberó a la princesa. Y he aquí un detalle simbólico: de la sangre derramada por el dragón en el suelo brotó una rosa, que el caballero entregó a la dama (del mismo modo que, cada 23 de abril en Cataluña, los modernos caballeros deben entregar a sus doncellas).

La historia está plagada de simbología: desde el punto de vista religioso, el triunfo de San Jorge supone el triunfo del cristianismo sobre el paganismo, la idolatría y Satanás. Los ciudadanos que aclaman al caballero son los paganos que abrazan el cristianismo. También se ha relacionado la historia con Andrómeda y Perseo o incluso con el Arcángel Miguel.

De este modo, la leyenda de San Jorge ha enraizado en países como Alemania, Francia, Georgia (por la etimología popular se creyó que Jorge le dio el nombre, y donde lo festejan el día del dios Luno), Grecia, España, Portugal, Inglaterra, Italia, Rusia, Ucrania, Malta, Etiopía, Brasil o Méjico. En todos estos países la presencia de San Jorge es evidente, sobre todo en los símbolos nacionales: la bandera de Inglaterra consiste en una cruz roja sobre un fondo blanco, precisamente la cruz de San Jorge; la misma cruz que está presente en el escudo de Barcelona, Aragón y Ucrania. Por su parte, la figura de San Jorge a caballo matando al dragón está también presente en el escudo nacional ruso.
Hecho este humilde apunte, y aunque esté lejos de Cataluña, volveré a celebrar este 23 de abril con el encanto de la diada de Sant Jordi, en la que siempre debe haber una rosa que celebre la llegada de la primavera y la fraternidad entre las personas.

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