1 feb 2011

Acosado por el 1004


Jim Carrey sufrió lo suyo con el número 23. Pero nada comparado con la tortura y el acoso al que nos someten las compañías telefónicas. Llevo dos semanas recibiendo insistentes llamadas del 1004, que por experiencias anteriores (igualmente acosadoras), sé que es Movistar. Cada día, a varias franjas horarias (casi siempre sobre las 11 de la mañana, otra sobre las 5 de la tarde y otra sobre las 8) veo ese numerito invadir mi móvil mientras suena el cada vez más aborrecido tono de Rihanna y Eminen. Pensaréis: contesta y diles que no quieres nada. ¡Pero es que no quiero! Ya estoy harto de deshacerme de teleoperadores de Jazztel, de Vodafone, de Movistar (fijo), de tarjetas de crédito y de la Escuela Aeronáutica que me ofrece cursillos para ser el azafato más exitoso de las alturas. ¡¡¡Harto!!! A los que menos odio es a los de la Escuela Aeronáutica, un poco más amables y menos pesados. Reproduzco mi conversación anual con ellos:
"-Hay alguien en su familia de entre 18 y 30 años?
- Sí, yo.
- Le llamo de la Escuela Aeronáutica, para ofrecerles una formación como auxiliar de vuelo, un empleo con el que podrá llegar a cobrar hasta 3.000 euros (¡JA!), subvencionado en un 50%.
- Sí, ya me llamaron el año pasado, pero no me interesa... gracias"

Y educadamente cuelgan. De hecho, hace un par de semanas, la incansable secretaria de algún lugar del suelo patrio rió cuando le dije que "sí, si lleváis tres años llamándome".

Pero los de las operadoras telefónicas son distintos. Bueno, tan distintos que a veces dudo de que sean humanos. Te llaman, se lo coges tímidamente con ganas de decirles que no, pero te sueltan el rollo sin que puedas encontrar un hueco para decirles "gracias pero no". Y cuando consigues decirle "no, no tengo pensado cambiarme", te intimidan con un "¿y por qué no? ¿cuánto paga con su compañía?". Al principio le daba ciertas explicaciones ("es que gasto muy poco y no me compensa") pero hace tiempo opté por un "no, se lo agradezco pero no me explique más porque no me cambiaré" y acababan cortando rápidamente. Algunas veces, tan rápido que colgaban sin despedirse. ¡¡¡Qué ordinariez!!!

Y si, como yo en estas últimas semanas, optas por ignorar sus llamadas o pulsar la teclita roja para poner fin a tal acoso, acabas en el siniestro listado de "por llamar". Vamos, un bucle sin fin. Casi peor son los mensajitos de Vodafone. Sé que vendí mi alma cuando solicité el adelanto de saldo y acepté esas misteriosas condiciones de recibir un anuncio diario. Desde entonces no hay día en el que Vodafone no me invite a pasarme a contrato, a ponerme tal o cual tarifa o a chorradas varias. Y mención especial merece Antena 3. Desde que mandé hace años un SMS solidario para con las víctimas del tsunami de Tailandia, la cadena de Lara se quedó con mis datos y de vez en cuando me envía SMS del tipo "Has sido preseleccionado para Rico Al Instante: manda un mensaje con la palabra tal y podrás optar a...".

Bueno, ya me he desahogado. Pero sigo temiendo que, cualquier día, me llamen del 1004 y me digan que me quedan siete días. Al séptimo, como todos sabemos, aparecerá una dulce niña muerta de la pantalla... Aunque no me comerá; simplemente me dirá "hola señor, le llamamos de Movistaaarrr".

28 ene 2011

¡Revolución!


El derrocamiento del dictador tunecino Zine El Abidine Ben Ali debería ser una buena noticia para Europa y Occidente, tan preocupados siempre por extender las democracias a los países carentes de ella. Sin embargo, ¿por qué no se pronuncian al respecto las naciones occidentales?

Sinceramente, no puedo opinar demasiado sobre la situación de Túnez, de Egipto o del resto de países del norte de África y Oriente Medio porque no sé demasiado. De la vida de Fidel Castro, Sadam Hussein, o de los pseudodictadorzuelos bananeros Hugo Chávez y Evo Morales todo el mundo tiene una idea bien asentada: son malos. ¿Por qué? Porque perjudican (o perjudicaban, como es el caso de Hussein) los intereses de los países del primer mundo. De la sucia monarquía marroquí, del recién caído Ben Ali o del egipcio Mubarak, sin embargo, no sabemos tanto. No es que los medios los obvien (de vez en cuando tratan asuntos relacionados) sino que a los propios gobiernos europeos y estadounidenses no les debe de interesar demasiado que se altere la situación de estos países. ¿La causa? No lo sé (así que ahí dejo la pregunta, para que cada uno busquemos nuestras propias respuestas). En el caso del silencio de Francia y España respecto a la crisis de Marruecos y el Sáhara Occidental la respuesta estaba clara: el país galo, como ex metrópolis del reino alauita y con tantas inversiones e intereses en Marruecos, no le convenía intervenir. A España, con Ceuta, Melilla y Canarias tan cerca de Marruecos, y con ciertas dependencias e intereses en ese país, tampoco. Pero en el resto, habría que preguntárselo.

La "revolución" (hay que esperar para ver si esos cambios se asientan realmente o sólo son un bache que fácilmente puedan superar estas dictaduras) de Túnez se ha convertido en todo un símbolo para los ciudadanos de otros países dictatoriales. Egipto ha sido el siguiente en ver cómo sus hasta ahora abnegados súbditos salían a la calle para reclamar cambios. Y lo mismo deberían hacer el resto de "repúblicas presidencialistas" o "monarquías constitucionales" de la zona: Marruecos, Argelia, Siria o Irán. Tiranos como Mohammed VI, Abdelaziz Bouteflika, Bashar al-Assad y Ahmadineyad deberían ser los siguientes en caer y en huir despavoridos a Arabia Saudí, donde su ostentosa familia real (recordemos cómo España se arrodillaba a la corte saudita en sus veraneos marbellíes) seguramente les dará la bienvenida.

Lo mejor de todo esto: la relevancia de Internet en los movimientos populares. Se le podrán criticar cientos de aspectos (que si piratería, que si porno, que si violación de la intimidad), pero la Red (y, especificando, las redes sociales) han servido para que, lejos de la inquisitorial mirada del régimen, miles de personas se pusieran de acuerdo para organizar un levantamiento. Prueba de ello es el empeño de estos países -especialmente Siria- por controlar las comunicaciones e Internet.

21 ene 2011

El despiece de Prisa

La situación de Prisa me da auténtica lástima. Después de unos años arrastrando una deuda de 5.000 millones de euros (se dice pronto), de haber vendido el 25% por de la emblemática Santillana (germen del grupo fundado por Polanco), otro 25% de Unión Radio (Cadena Ser) y Cuatro y Digital+ a Telecinco y Telefónica, dictó su sentencia de muerte (al menos, tal como conocíamos al grupo español) cuando el fondo especulativo estadounidense Liberty se hizo con el control del grupo. La hasta entonces empresa familiar de los Polanco, de dimensiones internacionales, ha pasado a ser un enfermo gigante al que hay que hay que ir estirpándole los tumores malignos para evitar que se extiendan. O un barco de cuya carga hay que desprenderse antes de que le acabe hundiendo. Muchas metáforas pueden describir el asunto.

A Liberty no le ha bastado con cambiar la imagen y desplazar a los Polanco. Como buen fondo especulativo, está dispuesto a eso: a especular con las divisiones del grupo para saldar la deuda y, seguramente, para obtener sus propios beneficios. Según publican varios diarios electrónicos (El Confidencial o PR Noticias, entre otros), Liberty y Juan Luis Cebrián prevén una brutal restructuración del grupo que, gracias a la liquidez facilitada por el fondo especulativo, llevaría a Prisa a despedir a unos 3.000 empleados del grupo. Cebrián ya anunció en noviembre que, de los 650 millones de euros que obtuvieron los Polanco con la entrada de Liberty, unos 95 millones servirían para acometer una importante redimensión del grupo. Ya no tienen excusa para aplazar los despidos: disponen de dinero suficiente para indemnizaciones.

Según El Confidencial, los despidos y cierres de proyectos no rentables (véase el caso de CNN+) se acometerán en un plazo de dos años. Funtes de Prisa justifican los recortes por el exceso de personal en las áreas administrativas y, sobre todo, en Santillana (de la que quiere desprenderse Liberty) y las radios del grupo, aunque la reestructuración afectará sobre todo a los trabajadores de Latinoamérica.

En definitiva, Prisa camina hacia la desintegración o, al menos, hacia la pérdida de una posición que ha ocupado durante décadas: la de liderazgo. Gran parte de su capital ya no es español; la familia que lo vio nacer y crecer (muchas veces gracias a estrategias no demasiado limpias) presencia la venta por fascículos de empresas tan emblemáticas como Santillana o Ser; y, lo peor, más del 20% de los trabajadores del grupo tienen un pie en el paro. ¿Qué va a ser de Prisa? La banca ha refinanciado (por enésima vez) su deuda hasta 2013. Desde la cúpula del grupo se sigue insistiendo en que todas las divisiones del grupo siguen ganando dinero, pese a que las malas operaciones financieras a gran nivel mantienen a la corporación en números rojos. Así que, esperemos, la redimensión de Prisa, que a todas luces perderá volumen, sirva para que el grupo, aunque más pequeño, siga zarpando en los agitados mares periodísticos.

13 ene 2011

¿Qué pasa con Noticias Cuatro?

Siempre he considerado a los informativos de Cuatro, sobre todo los del mediodía (que hasta hace pocas semanas presentaba Javier Ruiz), como uno de los mejores de la televisión privada. Con un tono ameno y comprensible, desgranaban asuntos internacionales, económicos o políticos de primera magnitud sin pararse demasiado en lo anecdótico o amarillo (aunque, como todos, también hubiera sitio para noticias de ese calibre). Y hablo en pasado porque, mucho me temo, la influencia de Telecinco ya se está dejando ver en la otrora cadena de los Polanco y Cía. Empezando por la imposición de Hilario Pino, que ha acabado con el tono natural y casi didáctico del anterior presentador, para dar lugar a su característico estilo palabra-por-palabra; y, lo más importante, los contenidos. Aunque formalmente las noticias mantienen cierto toque de creatividad -supongo que los redactores y editores siguen siendo los mismos-, las informaciones sobre Obama, la crisis, las cumbres internacionales o el Banco Mundial han dado paso a (el informativo de hoy es un claro ejemplo), a los temas más "telecinqueros": pelea de mujeres en un barrio de Florida (con la consiguiente pormenorización e imágenes de traseros al aire), el cobro de impuestos a las prostitutas holandesas (con afirmaciones tan elegantes como "tendrán que contabilizar los condones usados"), la petición del Papa de que los fieles les pongan nombres cristianos a sus hijos para que estos puedan "renacer" en el seno de la Iglesia (en ese caso, yo debo de estar en el limbo...), una mujer que amenaza suicidarse...
En cuanto a audiencia, los informativos de Hilario Pino han mantenido, incluso disminuido sensiblemente los datos de Javier Ruiz. Y peor lo tienen otras de las caras de Telecinco que han colonizado Cuatro: el Fama 5 de Tania Llasera logró un pésimo 2,5% de share en prime time el 10 de enero; el Allá Tú recién estrenado en Cuatro, un 3,8% (por debajo, incluso, del Dame una Pista de Luján Argüelles); Marta Fernández mantiene el mismo porcentaje que Concha García-Campoy en Las Mañanas de Cuatro; y esta última ha empeorado los datos del edición matinal de Informativos Telecinco (reemplazando a Hilario Pino).
En definitiva, ¿a quién beneficia la fusión en términos de share?
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