22 feb 2012

Kraków


Me sorprende que no haya escrito nada desde finales de diciembre de 2011. Lo cierto es que no he tenido mucho tiempo desde entonces ni quizás demasiadas cosas sobre las que criticar y comentar. Diferente situación a la de ahora: desde el 8 de febrero y hasta mayo viviré en Cracovia, capital cultural de Polonia. Una experiencia que espero me sirva para madurar y mejorar en todos los aspectos posibles. Un país y una ciudad que, pese al desconocimiento previo, me están gustando cada día más.

6 dic 2011

En periodismo, como en política, nadie pierde

Como si de unas elecciones generales se tratara, cada vez que se publican los datos del EGM (Estudio General de Medios), todos los medios de comunicación resultan ganadores, líderes o los que mejor se mantienen. La prueba es sencilla: basta con teclear en Google Noticias "EGM" o "Estudios General de Medios". El resultado es un sinfín de noticias en las que sus emisores, ya sean radios o prensa escrita, se autoproclaman campeones y se vanaglorian de sus holgadas audiencias o liderazgos. Llamativa es la relevancia que dan los medios del maltrecho grupo Prisa (El País, Cinco Días, Cadena SER, etc.) al éxito del espacio radiofónico "Carrusel Deportivo" en la última oleada del EGM, sobre todo tras el vaivén de periodistas de la SER a la COPE y las sucesivas declaraciones de unos y otros.

Que subrayen sus triunfos y disimulen sus fracasos es algo lógico, pero ¿hasta dónde puede llegar la manipulación, entendiéndose ésta como una forma de mostrar y ocultar a su antojo, fraccionando la realidad? Las versiones de unos y otros varían razonablemente. El País, en su ejemplar del 1 de diciembre, titulaba "El País, líder absoluto de la prensa", y presumía de su "posición hegemónica" y de la "ventaja de 681.000 lectores sobre el segundo rotativo más seguido" (El Mundo). El Mundo, por su parte, publicaba ese mismo día que el suyo "es el único gran diario que gana lectores", en referencia a los "cuatro principales diarios generalistas a nivel nacional". No queda claro, pues, qué se entiende por gran diario generalista nacional: ¿entrarían en esta definición La Vanguardia y El Periódico de Catalunya, tal como parece incluir El Mundo? El diario Público, sin embargo, se autoconsidera "cuarto periódico de información generalista", obviando así a los dos rotativos catalanes de difusión nacional, y recuerda que su audiencia diaria ha crecido en 41.000 lectores. ¿No era El Mundo el único de los cuatro periódicos generalistas y nacionales que crecía en audiencia? ¿Quiénes son entonces los cuatro?
Todavía más incoherente es el hecho de que Público, en ese mismo artículo, subraya que su diario es el único que ha aumentado en número de lectores, mientras el resto ha bajado: El País un 0,47%, ABC un 12,7% y... ¡El Mundo un 3,47%! ¿Pero no era el diario de Pedro J. el único que había aumentado? ¿Quién miente? (recuerdo que sólo se puede acceder a los datos del EGM si se es asociado y, como no lo soy, tengo que fiarme de lo que dicen los medios)

Algo parecido ocurre con los diarios gratuitos. Qué! se reivindica como "el tercer periódico de información general más leído", (aunque ni El Mundo ni Público lo consideren como tal en sendas clasificaciones de diarios generalistas) si bien como publica PR Noticias, las principales cabeceras gratuitas (20 Minutos, Qué! y ADN) han perdido un 23,4% de lectores en la última oleada.

Y así el resto de medios. La Vanguardia, ajena a descensos en ventas, se erige como la más leída en Cataluña, El País como el diario nacional más leído en Euskadi, del mismo modo que El Correo (como diario no nacional), etc. En definitiva, omisiones. Y las más importantes, aquellas que seguramente indignarán a los empleados de sus plantillas: los despidos, reestructuraciones de plantilla, ERES temporales o definitivos, cierres de emisoras, etc. Tanto El País, como El Mundo, como La Vanguardia, como Público y como casi todos los medios de comunicación representados en ese estudio (del que no forma parte ABC Punto Radio, que cerró varias emisoras hace pocos meses) han recortado sus plantillas y mantienen sueldos irrisorios para periodistas que se dejan la piel en ellos. Pero de eso no hay constancia, ni en un estudio tan manipulable como el EGM ni en la propia información. Dime de qué presumes, y te diré de qué careces.

5 dic 2011

Vida, muerte y no-existencia


Hace ya varios meses que me planteo escribir, aunque sea para autoconsumo, algo que deje constancia de la crisis existencial que arrastro desde hace tiempo. No, no es debido a la crisis, a la pésima situación laboral con la que me he encontrado al salir de la carrera o a la incertidumbre del futuro de España o la humanidad. Sino a las preguntas sin respuesta sobre la vida misma, la existencia y la muerte.

Evidentemente, como cualquier ser humano desde que adquiere consciencia, me he preguntado una y mil veces sobre de dónde venimos, adónde vamos y por qué estamos donde estamos. Pero fue este verano, durante una conversación -muy alegre ella- sobre seguros mortuorios, entierros e incineraciones, cuando me dí verdaderamente cuenta de que todos vamos a morir. Sí, siempre lo he sabido, pero la sociedad intenta ignorar -no sé con qué fin, si puramente inconsciente o si hay algún interés consumista o estatal para que no nos relajemos y vivamos la vida en plenitud- con miles de entretenimientos ese hecho, igual que parece obviar que en algún momento envejeceremos. Como escuché hace tiempo, se nos prepara para estudiar, para trabajar, para formar una familia, para educar a nuestros hijos, etc., pero no para envejecer y morir.

A lo que iba. Durante esa noche de agosto, la verdad cayó sobre mí como el plomo. Y, desde entonces, no he dejado de replanteármelo todo. Siempre he creído y creo en un Dios, una inteligencia creadora a la que como humanos no podemos llegar a entender; pero también me planteo si después de la muerte, no habrá más que nada, que no-existencia, que la misma oscuridad e inconsciencia que había antes de que naciéramos. Lo más importante, desde mi punto de vista, no es eso que llamamos "alma", sino la consciencia; el saber que existimos (como decía Descartes, "pienso, luego existo"), los recuerdos y todo lo almacenado durante una vida. No me importa si tras la muerte sólo queda eso, la consciencia, mientras mis partículas pasan a formar parte del todo (como sucedía en esa gran aunque menospreciada saga literaria -con su incursión fracasada en el cine- llamada La Materia Oscura de Philip Pullman). Al menos sabré que mi vida ha tenido un sentido y la mantendré conmigo. Del mismo modo, ¿qué sucede con aquellos seres que no llegan a desarrollar consciencia -bebés, animales, etc.- o los que la pierden -ancianos seniles-? Lo peor, evidentemente, sería la total oscuridad, la no-existencia; ¿qué sentido tiene algo si luego desaparece por completo, si nisiquiera ese algo lo recuerda?

Nunca he creído que la Existencia (con mayúsculas) sea fruto de la casualidad: puede que nosotros seamos casualidades, que casualmente un planeta disponga de las condiciones necesarias para que unas células evolucionen hasta dar con una máquina tan perfecta como el ser humano. Pero ¿y el universo? ¿Pueden millones y millones de galaxias, en un espacio infinito (tampoco creo que los humanos podamos comprender el término "infinito") estar ahí porque sí, con movimientos y operaciones matemáticas? ¿En ese caso, no hubiera sido más fácil que no existiera nada? Eso me hace plantearme otra cosa más, que me aboca al vértigo: ¿qué habría si no hubiera nada? ¿si no existiera tal universo? ¿qué es la nada? ¿nos vamos a esa nada después de morir? Y ya puestos, ¿existen las realidades paralelas? No un Star Gate, sino diferentes planos de existencia, millones de ellos.

Si alguien ha llegado hasta aquí: no, no me he fumado ni tomado nada raro (odio el tabaco); ni siquiera he visto Redes o algún extraño programa de La2. Es lo que tiene darle vueltas a la mente. A veces preferiría no tener tantas preocupaciones vitales y vivir lo terrenal sin cuestionarme nada; creer en alguna de las religiones con fe ciega y sonreír el último día de mi vida esperando a recibir el Reino de los Cielos, el Nirvana o los diferentes paraísos profetizados. Pero no es esa mi situación. Así que me digo a mí mismo que la única respuesta es la de vivir cada segundo de la vida, disfrutar de las personas con las que hemos tenido la suerte de coincidir en esta vida (familia, amigos, animales) y que venga lo que tenga que venir.

16 nov 2011

La tiranía de los anunciantes


Hace unos días daba mi humilde opinión sobre el caso de la entrevista a la madre de "el Cuco" (cómplice y encubridor del asesinato de Marta del Castillo, presuntamente) en La Noria, de la falta de ética al pagar a semejante personaje y la presión que habían recibido los anunciantes para que dejaran de anunciarse en el espacio de Telecinco. Hasta cierto punto, comprendía ese castigo, aunque creía que sería algo temporal y simbólico. Por supuesto, nunca he considerado ese gesto como un acto de confraternización de Puleva, Campofrío o Vodafone para con la familia de Marta del Castillo o la sociedad española; más bien se vieron entre la espada y la pared y, ya puestos, tuvieron una excusa perfecta para no gastar más en comunicación, en estos tiempos tan duros.

Sin embargo, ahora empiezo a tener serias dudas sobre el papel de los anunciantes en los medios de comunicación. No me gustó nada el discurso grandilocuente de Jordi González aferrándose a la libertad de expresión y de información para defender el pago a una pseudodelincuente. Pero tampoco la tiranía a la que las empresas ajenas al periodismo mantienen a las empresas informativas. Está claro que Telecinco no es la BBC o el New York Times, pero ¿acaso no son libres de emitir lo que les apetezca? Siempre he considerado que la telebasura, como la comida basura (léase McDonalds o Burger King) no hacen daño si se ingieren en pequeñas dosis; en otras palabras, ver un rato Sálvame, Gran Hermano o el reality de turno es perfectamente compatible con leer a Proust, a Milton y a los filósofos griegos. Pero ese no es el tema. Lo grave del asunto, a mi parecer, es que si a una serie de anunciantes no les gusta -por el motivo que sea- el contenido en el cual se anuncian, el medio de comunicación en cuestión tiene que adaptarse y ofrecerle otro, como un mayordomo que muestra diferentes tés a su amo. ¿Es esto libertad de información? Evidentemente no.

Que los anunciantes y la publicidad en general condicionan los contenidos informativos es bien conocido. Por eso las televisiones, radios o periódicos nacionales nunca hablarán mal de Telefónica, Vodafone, L'Oréal o El Corte Inglés. Es una influencia pasiva: "yo me anuncio y tú me respetas". Pero el caso de La Noria incluye ya una influencia activa sobre el programa: "no me gusta lo que haces y o lo cambias o me voy". Aunque en ese caso, viendo el origen del problema, debería ser "de cara al público no me conviene anunciarme en tu programa y o lo cambias o me voy". En cualquier caso, los anunciantes han dejado K.O. al espacio que conduce Jordi González que, sea del color que sea, tiene tanto derecho a estar ahí como nosotros tenemos el derecho de verlo o no.

La situación de La Noria -y, por tanto, en Telecinco-, es difícil, como informa Vertele.com. Con o sin razón, desde la cadena de Fuencarral se alude a teorías conspirativas, en las que podría tener algo que ver Antena 3 u otros grupos mediáticos rivales a Mediaset. En todo caso, la situación es difícil, pues sin anunciantes no hay programa, y cada programa lo forman un centenar de profesionales. Lo curioso de todo esto es, sin embargo, que esas mismas empresas sí se siguen anunciando en aquellos espacios en los que se entrevista a Julián Muñoz, a imputados en casos de corrupción, en programas donde participan ladrones históricos como El Dioni o, ya puestos, a descendientes del Caudillo.

Hipocresía y más hipocresía.
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