5 nov. 2009

¿Cuánto vale una vida?


El pasado miércoles 28 de octubre se producía en Pakistán uno de los más sangrientos y tráficos atentados perpetuados por los talibán en una ciudad fronteriza con Afganistán. Más de cien muertos y otros tantos heridos fueron el saldo de una nueva masacre a la que, desgraciadamente, ya estamos acostumbrados. El que exploten coches, suicidas o edificios en países de Oriente Medio y Asia viene siendo habitual en los medios de comunicación y en la audiencia. Los fallecidos no dejan de ser cifras sin nombre ni cara, ciudadanos que viven en países conflictivos y cuya existencia está adaptada a una posible y violenta muerte.



El 11-M de 2004 en Madrid dejó 192 muertos. Durante semanas, meses y años los rostros de prácticamente todos, sus orígenes, sus familias y sus bondades fueron desplegados a lo largo y ancho de todos los medios de comunicación. El 11-S de 2001, en Nueva York, a más de 5.500 km de nuestro país, supuso la muerte de unas tres mil personas, una barbarie que todos recordamos y ante la cual nuestra piel nunca dejará de ponerse de gallina. En Londres, un 7-J de 2005, cincuenta y seis personas morían cuando usaban el transporte público de la capital británica.

Tres días, tres momentos en los que Occidente, a lo que nosotros llamamos "el mundo entero", se conmocionó. Desde todas partes nos sentimos neoyorkinos, londinenses y madrileños. Incluso los más despistados con esto de las fechas conocen perfectamente a qué se refieren las siglas 11-M, 11-S y 7-J. Y eso se debe a que eran "de los nuestros", occidentales, blancos o negros, pero de países culturalmente cercanos a nosotros.

Sin embargo pocos recordarán, pasados un puñado de años, el 28-O de Peshawar, en Pakistán. Las cincuenta y seis víctimas de Londres siempre valdrán más que las pakistaníes.

Es evidente que la cercanía influye en esta consideración. Gran Bretaña está a unos cientos de kilómetros, Nueva York es la capital de nuestra civilización y Madrid la de nuestro país. Pero, ¿acaso no eran humanas todas las víctimas? ¿Por qué unas valen más que otras?

A este respecto nunca olvidaré la actitud de Europa con los atentados de Madrid de 2004. Berlín, París, Londres, Moscú y tantas otras ciudades salieron a la calle a manifestarse contra el terror. ¿Cuántas veces han hecho lo mismo para mostrar su repulsa a los atentados en Oriente Medio, a los genocidios africanos o a los refugiados palestinos? También es llamativo el hecho de que por Madeleine McCan se movilizaran varios países, mientras que las cientos de desaparecidas en Ciudad Juárez, mutiladas en África o vendidas en Europa oriental apenas tengan cabida en nuestra memoria.

No creo que haya muchas respuestas a todo esto. Lo único claro es que vivimos en una cultura ombliguista, que cree que Europa, Estados Unidos, Japón y quizás Latinoamérica son el mundo en el que vivimos. Un mundo en el que unos valemos más que otros, en el que la sangre de un occidental siempre tendrá más peso que la de un oriental o africano.

3 comentarios:

  1. Triste pero muy cierto. Nos hemos acostumbrado demasiado a ver como pasan acontecimientos como los que narras y estamos "vacunados". Vemos, no ya un atentando, un tifón que ha arrasado un país y cambiamos de canal. Somos una sociedad tan hipócrita que nos echamos a la calle cuando nos toca de cerca y apartamos la vista cuando "no nos conviene".

    P.D. He enlazado tu blog, así no le regalo visitas gratuitamente a Javi xD.

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  2. Hola, Héctor. Me gusta tu blog, siempre reflexivo. Te dejo por aquí la dirección del mío ;)

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  3. Hola Héctor! Como siempre genial reflexión. Esta cuestión es lo que se suele clasificar como "interés por proximidad geográfica". Si a nosotros no nos toca da lo mismo. Es como si no hubiera existido. Ahora sí, cuando hay algún español en esa tragedia hacemos un mundo y meneamos cielo y tierra por ello.

    ¿Deberíamos cambiar nuestros valores noticia? ¿o seguir con estos filtros? Pero si hacemos lo primero, ¿cuántas noticias se deberían dar todos los días? ¿Dónde estaría el límite?

    Un abrazo!

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