17 feb. 2010

Rupert Murdoch: emperador de la comunicación

De nuevo la clase de Estructura de la Información me da ideas para seguir redactando entradas. Aunque más que redactar, volveré a publicar en este blog una que hice en otro sobre Rupert Murdoch, magnate de la comunicación y personificación del espíritu Hearst en lo agresivo de su estrategia, del que la profesora de esa asignatura se siente "apasionada". Y no es para menos. Él solito ha erigido uno de los mayores imperios de la comunicación a base de coqueteo con el poder político, paradojas y sensacionalismo. El Berlusconi australiano.


Si hiciéramos una lista de los grandes magnates de la comunicación que ha dado el siglo XX, entre los primeros nombres que encontraríamos seguramente sería el de Rupert Murdoch. Heredero en lo bueno y en lo malo de otros dos grandes personajes de la comunicación como Pulitzer y Hearst, ha sido el “jefe de pista del circo mundial de la información” –como algunos biógrafos le apodan- de los últimos cincuenta años. Gracias a un modesto periódico local propiedad de fu familia, el joven Murdoch supo emprender el camino empresarial y periodístico que le llevaría a fundar todo un imperio mediático.

Todo comienza en Autralia en los años cincuenta. Tras estudiar en Oxford, Rupert Keith Murdoch hubo de hacerse cargo del diario local y dominical de su familia, Adelaide News cuando apenas tenía veinte años. Ya antes había comprado el Birmingham Gazette, siguiendo los pasos de su padre, pero ahora se enfrentaba a la presidencia del holding News Limited, creado por su padre, que más tarde pasaría a ser News Corporation. Lentamente irá adquiriendo otras cabeceras, como el Sunday Times y New Ideas, y dará el primer paso en su agresividad empresarial cuando decida acabar con su principal rival, el Adelaide Advertiser. Tras Adelaide, Sidney se convertirá en su siguiente objetivo: comprará la editora de dos grandes periódicos hasta llegar a hacerse con The Australian, de ámbito nacional.

Rumbo a Europa

El mercado británico de la comunicación siempre ha sido de los más difíciles, dada la consolidación de éste, personificada en el mítico The Times. Pero Murdoch sabrá jugar bien sus cartas. Lo primero que hará será comprar The Sun (1969), periódico con orígenes obreros al que le da un nuevo toque, más sensacionalista y amarillista –uno de sus grandes reclamos será el desnudo de las primeras páginas- que consigue triplicar sus ventas. Comprará televisiones, emisoras de radio, etc., pero su paso más importante, por lo que ello supuso para la opinión pública británica, será la compra del histórico The Times y The Sunday Times (1981), habiendo para ello que superar numerosas trabas e incrementar la nómina de sus más directos detractores dentro del diario.

Hacia el sueño americano

En 1974, cuando sus negocios en Gran Bretaña iban viento en popa, extiende sus tentáculos por EEUU, el principal mercado informativo del mundo, con la compra del Star de San Antonio (Texas). Poco después se instala en Nueva York, donde, como ya hicieron Pulitzer y Hearst, planea ubicar el despacho desde donde controlar el mundo. Allí se hace con el New York Post (1976) y una serie de revistas. Rápidamente irá ampliando su red de periódicos: Boston Herald, Chicago Sun Times, etc.

Pero no sólo de periódicos vive América. Otro de sus sueños será la consecución de un gran estudio cinematográfico. Fracasa su intento de hacerse con la Warner Bros, pero no la de la 20th Century Fox, que adquiere en 1983.

En 1986 pone en marcha el canal televisivo Fox TV, en directa competencia con las grandes cadenas ABC, CBS y NBC. Una cadena que irá creciendo poco a poco y cuyo mayor despegue vendrá de la mano de la Liga Nacional de Fútbol (americano) y de la división Fox News, un intento de imitar a la CNN. Será este canal, sobre todo, la plataforma de Murdoch para apoyar las decisiones del gobierno de Bush en Irak. Y es que el magnate siempre se ha mostrado de la tendencia política que más le convenga para seguir creciendo:
“Cuando era estudiante en la Universidad de Oxford era un socialista idealista y tenía un busto de Lenin en mi dormitorio. Sigo siendo idealista, aunque ahora me siento más partidario del libre mercado que de otra cosa”
Fracaso en España

Nuestro país también fue, hace años, objetivo empresarial de Murdoch. A finales de los ochenta participó en la creación de Univisión Canal 1, que aspiraba a ser uno de los tres canales privados que el gobierno concedió en 1991 (y que fueron Antena 3, Telecinco y Canal+). Ese mismo año se hizo con el 25% del Grupo Zeta para su salida a televisión, pero el grupo de Antonio Asensio también se quedó sin licencia. En 1992 acordó con este empresario la compra del 25% de Antena 3, pero cinco años más tarde la cadena fue comprada por Telefónica.

Otros grandes fracasos internacionales fueron el intento de compra del consorcio televisivo Finivest de Silvio Berlusconi; la unión con Canal+ de Francia o la adquisición del Manchester United, además de un sinfín de rechazos antimonopolio por fusiones planeadas.

El futuro

Lo que queda claro es que Murdoch, como los grandes magnates de la comunicación, se ha hecho a sí mismo y a su propio imperio. Un holding que, pese a la edad de su presidente, sigue creciendo. La muestra más significativa es la compra de MySpace.com, uno de los portales más populares de Internet, que viene a poner la guinda al mayor grupo comunicativo del mundo. Como ha ocurrido en España con, salvando las distancias, su equivalente nacional, Jesús de Polanco, el problema vendrá cuando Murdoch desaparezca y su imperio sea repartido entre sus tres hijos, la generación que controlará la información en el futuro.

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